La sociedad está en continua transformación. La forma
de aprender de los alumnos ha cambiado, sus necesidades y circunstancias no son
las mismas que hace diez años, ni la organización de la respuesta educativa
será igual dentro de veinte. Las circunstancias particulares de cada centro
educativo y las características propias del alumnado y su contexto, justifican
la necesidad de formación continua de los docentes a lo largo de toda su
trayectoria profesional para garantizar la adecuación de la educación a la
realidad del momento.
Los estudios internacionales coinciden en señalar que
una de las claves para mejorar la calidad de la educación es mejorar las
competencias profesionales de los docentes y se han de organizar actividades de
formación que contemplen la adecuación de los conocimientos y métodos a la
evolución de las ciencias y de las didácticas específicas, así como tratar
todos aquellos aspectos referentes a la coordinación, orientación, tutoría,
atención educativa a la diversidad y organización, encaminados a la
actualización de las competencias didácticas y pedagógicas del docente y
mejorar el funcionamiento de los centros educativos.
La Orden EDU/2886/2011, de 20 de octubre, por la que
se regula la convocatoria, reconocimiento, certificación y registro de las
actividades de formación permanente del profesorado, considera la formación permanente del profesorado, a
efectos de su reconocimiento por el Ministerio de Educación, como el conjunto de actividades formativas dirigidas
a mejorar la preparación científica, técnica, didáctica y profesional del
profesorado y de todos aquellos que desarrollan su labor docente o
especializada en los centros que imparten las enseñanzas reguladas en la Ley
Orgánica 2/2006, de Educación, o en los Servicios Técnicos de Educación.
La tendencia actual hacia la integración de las
Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la Educación, así como
la inclinación cada vez mayor hacia la enseñanza bilingüe desde las primeras
edades, promueven la importancia de la formación del profesorado en el
desarrollo de la competencia digital y la formación en lenguas extranjeras,
independientemente de su especialidad.
Las TIC, además, se han convertido en la vía más
utilizada en la formación permanente del profesorado. Los cursos de formación
en red facilitan el acceso y permiten una mayor flexibilidad y autonomía para
su realización.
En
la actualidad existen muchos planes de formación permanente, pero hay poca
innovación, tal y como apunta Imbernón (2007), es decir, los contenidos, las
experiencias, los aprendizajes derivados de la formación no siempre se llevan a
la práctica. La causa puede encontrarse, según este autor, en un modelo de
formación tradicional y descontextualizado que no responde a la demanda del
profesorado. Incluso, señala Álvarez Rojo (2007), en los planes de formación
continua en el ámbito de la enseñanza, salvo notables excepciones (grupos de
trabajo y planes de innovación docente), la formación impartida no está
suficientemente relacionada con el desempeño del puesto de trabajo, en cuanto a
los contenidos abordados, los tiempos prescritos para la formación o los
escenarios en que se desarrollan. Para resolver estas dificultades, es
necesario que estos planes de formación permanente incidan directamente en las
situaciones problemáticas que el profesorado se encuentra en los centros
escolares, basándose en el trabajo colaborativo entre colegas, en las
estrategias colaborativas (Gairín, 2008), a partir de la participación; y en
una metodología formativa basada en casos, intercambio, debates, lecturas,
trabajo en equipo, incidentes críticos, etc. Para ello, reclama Imbernón (2006)
un proceso de evaluación de la formación que realmente tenga impacto en el
desarrollo profesional y en la innovación de los centros. Numerosas
investigaciones y revisiones han demostrado la ineficacia de los programas de
desarrollo profesional, puesto que es complicado aplicar en el aula los
contenidos de programas de formación permanente que no están adaptados a las
necesidades reales del profesorado.
En
la formación inicial del profesorado de educación infantil y primaria existe
una apuesta clara por la formación en competencias, puesto que se incluyen en
los planes de estudio de los títulos de grado. Este hecho asegura que los
maestros y maestras adquieran durante su formación inicial el dominio de unas
competencias profesionales necesarias para desempeñar adecuadamente un puesto
docente.
Tal
y como señalábamos, la sociedad y la escuela actual reclaman al profesorado una
actualización permanente, centrada en las competencias profesionales, que dé
respuesta al nuevo perfil del profesorado y a las funciones que debe
desempeñar. En definitiva, los programas de formación permanente deben
centrarse en el desarrollo de las competencias profesionales necesarias para
resolver los problemas que se plantean en los centros y en las aulas.
- Competencia científica
- Competencia intra e interpersonal
- Competencia didáctica
- Competencia organizativa y de gestión del centro
- Competencia en gestión de la convivencia
- Competencia en trabajo en equipo
- Competencia en innovación y mejora
- Competencia lingüístico-comunicativa
- Competencia digital (TIC)
- Competencia social-relacional
BIBLIOGRAFÍA
-Campus educación (2015). ¿Qué es la formación permanente para el profesorado?. Recuperado de: https://www.campuseducacion.com/cursos-homologados/formacion-permanente-profesorado/descripcion
-García-Ruíz, R. (2012). La formación permanente del profesorado basada en competencias. Recuperado de: http://revistas.um.es/educatio/article/view/149251/132231
-Junta de Andalucía (2002). Aula virtual de formación permanente para el profesorado. Recueprado de: https://educacionadistancia.juntadeandalucia.es/profesorado/


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